A las personas emprendedoras ayudarles a tomar consciencia de su potencial de impacto, capacitarse en medición y desarrollo de planes de negocio sostenibles, lo que a largo plazo se traduce en sentido de propósito y acceso a nuevas vías de financiación.
A las empresas les permite concretar su propósito de impacto y medirlo más allá del ESG, generando con el tiempo mayor atracción de talento, mayor impacto positivo y vínculo territorial. Los financiadores descubren su potencial multiplicador y aprenden a evaluar el impacto de sus inversiones, lo que les abre la puerta a fondos de impacto y a un mayor número de empresas en las que invertir. El tercer sector se profesionaliza en medición de impacto, ganando resiliencia, autonomía financiera y capacidad de atraer talento cualificado.
La sociedad, y en especial los jóvenes, conoce las empresas de impacto de su entorno y adquiere conocimientos básicos, lo que les permite orientar su carrera profesional hacia este ámbito. Finalmente, la administración pública toma consciencia de la importancia de la economía de impacto y comienza a incorporar criterios de impacto en sus instrumentos, avanzando hacia una fiscalidad específica y un mejor acceso a fondos europeos.